Nuevo reglamento de acuicultura en áreas de manejo: Acciones para trascender en su implementación

Nuevo reglamento de acuicultura en áreas de manejo: Acciones para trascender en su implementación

Desde hace ya un par de meses contamos con un nuevo reglamento (Decreto Supremo N° 96) que regula, pero no necesariamente incentiva, la realización de actividades de acuicultura en áreas de manejo y explotación de recursos bentónicos (AAMERB) a lo largo de los 4.200 km de costa nacional. Esta innovación fue precedida por una serie de talleres sectoriales, organizados a nivel regional por  el ejecutivo durante el año 2015 para difundir la propuesta de dicho reglamento, que entró en vigencia a contar del 28 de enero de este año, mediante su publicación en el Diario Oficial, remplazando luego de 10 años el decreto anterior (D.S. 314 del 2004).

Desde enero a la fecha, hemos visto los aciertos y ajustes necesarios para que la nueva normativa sea mejor que la anterior y, de paso, se cumpla. Esta situación está siendo liderada por la Subsecretaria de Pesca y Acuicultura y abordada tanto por el Servicio Nacional de Pesca como, de manera paulatina, por la autoridad marítima local (gobernaciones marítimas y capitanías de puerto) y el Servicio de Evaluación Ambiental, entre otros. Sin embargo, también han sido las organizaciones de pescadores artesanales que habían incursionado en estos asuntos y los profesionales a cargo de los trámites e implementación, los que hemos tenido que adecuar lo necesario para asumir las nuevas condiciones; todo con el fin de ir armonizando heterogéneamente, en cada uno de los territorios, el nuevo reglamento para viabilizar la obtención de los respectivos decretos de autorización.

El desafío sigue siendo enorme, si se considera que las 800 AMERBs decretadas representan más de 120.000 hectáreas y de ellas, el 40% tienen potencial para cultivos marinos de pequeña escala. Esta situación, a juicio de expertos, es un elemento estratégico para nuestro país, no solo como un espacio a utilizar para la producción de alimentos, sino también por el enorme efecto que podría esperarse en el largo plazo en el empleo y calidad de vida de las más de 30.000 mujeres y hombres que están relacionadas a estas zonas.

Entonces, la pertinencia de mejorar el desempeño de las AMERBs de manera compatible con la acuicultura a pequeña escala, de incorporar estas actividades para complementar el ingreso de los pescadores artesanales, de avanzar en acortar la desigualdad, de crear proteína marina para mercados locales, y de generar empleos con mayor estabilidad, entre otros desafíos, son los argumentos que nos convocan y nos permiten hoy contar con un reglamento que ha incluido aprendizajes significativos. Sin embargo, el “cómo hacerlo” sigue siendo un punto de divergencia de miradas contrapuestas que están nutridamente descritas en la literatura dedicada al dilema entre la inversión v/s los procesos de implementación.

Por ello, insistimos en, al menos para la zona centro norte de Chile, comprender de manera particular los procesos socio-organizacionales que se gestan a partir del desarrollo de estas actividades, ya que aquí reside el factor sustancial para el éxito de su incorporación en el sector artesanal, y no esperar que sólo la inversión en estudios, líneas de cultivos, boyas, fondeos y semillas, o el nuevo marco normativo, resuelvan por sí solos este desafío comunitario que plantea la actividad.

Por esta razón, la administración comunitaria necesaria para este quehacer, requiere del capital social y la acción colectiva suficiente para asumir el desafío y, en consecuencia, éstos deben ser estimulados y fortalecidos, a fin de que los grupos humanos que componen las asambleas interesadas en estos asuntos, se apropien paulatinamente de este reto.

Es muy probable que estos grupos deban transitar etapas consecutivas para una transferencia tecnológica efectiva con réditos sociales significativos, que implican en un inicio, capacitaciones y acompañamientos, pero para que se genere la adopción y adsorción tecnológica son necesarios esfuerzos de mayor alcance, si se considera como objetivo el cambio de actitud y conducta de pescadores artesanales.

En este sentido, creemos que la figura de acuicultura experimental en áreas de manejo que considera el reglamento, amplía el horizonte cuando se considera al grupo humano dentro de esa experimentación y no sólo se refiere a la especie de interés, a la tecnología de cultivo o a las condiciones biofísicas del emplazamiento.

La figura de acuicultura experimental en el reglamento, es obligatoria para peces endémicos, pero voluntaria para el resto de las especies que considera el cuerpo legal. Así entonces, las organizaciones de pescadores que deseen comenzar con estos asuntos por primera vez e independiente de la especie de cultivo, debiesen considerarla como un paso obligatorio, dado que: 1) la autorización es por dos años renovable, 2) no exige caracterización preliminar de sitio (estudio que a veces es más caro que el propio emprendimiento), 3) permite la prospección comercial, 4) se exime de entregar estadísticas mensuales al Sernapesca, y 5) si no funciona el emprendimiento, la organización puede volver a sus asuntos sin mayores inconvenientes. En consecuencia, esta figura legal se transforma en una plataforma habilitante que pone a prueba la primera barrera para la sostenibilidad de estas actividades comunitarias: el grupo humano.

Luego de este paso necesario, y experimentados los sistemas de cultivos, los aspectos biológico-productivos y el comienzo de los asuntos humanos, se está en condiciones de comenzar la segunda etapa de la acuicultura en áreas de manejo, la cual implica mayores costos y compromisos por parte de la organizaciones, tales como aspectos de escalabilidad, caracterización preliminar de sitio, iniciación de actividades comerciales y entrega de información mensual, por nombrar algunos. Todo ello requiere de un grupo humano que haya sorteado cada una de las dificultades en los procesos de experimentación tecnológica.

Con todo, creemos que se avanza y que el desafío no pasa de moda. La red de AMERBs operativas a lo largo de nuestras costas no sólo constituyen un bien escaso que favorece los medios de vida de las comunidades costeras, sino también son un apoyo a la conservación marina, y por tanto, necesitan ser fortalecidas para que en el mediano plazo, al menos el 50% de las 800 decretadas puedan quedar operativas; en este escenario, las actividades de acuicultura en su interior son una vía probable. Quizás sea posible pensar en un “Instituto Nacional de Desarrollo Sustentable de la Pesca Artesanal y de la Acuicultura de Pequeña Escala” (INDESPA), que considere extensionistas acuícolas por región, que acompañen este proceso de apropiación sociocultural local de tecnologías de cultivo artesanales; con ello se otorgaría mayores certezas al proceso de desarrollo en las AMERBs, que solo la inversión y tercerización de capacitaciones puntuales.

                Ahora que contamos con un nuevo reglamento, que en el fondo refleja una institucionalidad que aprende, y a la espera de la ley de bonificación al repoblamiento y cultivo de algas, estamos desafiando el deber ser como país y conduciendo acciones concretas que se hagan cargo de los actuales desafíos y que trasciendan a los gobiernos de turno, como dijo el Ministro Céspedes. En este sentido, proponemos apostar a los procesos adaptativos de implementación gradual de estas actividades en AMERBs, acompañada por extensionistas acuícolas, que de paso podría abrir nichos para la incorporación de los egresados de las carreras de las Ciencias del Mar que desde hace varios años “no están de moda”, por así decirlo. Si bien la tentación de hacer inversiones tradicionales mediante las fuentes de financiamiento sectoriales es lo que se ha venido haciendo en la pesca artesanal, hoy tenemos la oportunidad de cambiar el foco y en este sentido esperamos no caer en la tentación de lo que describe Robinson y Torvik (2003) en su artículo de los Elefantes Blancos sobre la inversión pública en infraestructura y la conveniencia de su existencia a costa de los réditos sociales de apostar por los procesos.

No hay comentarios todavía.

Dejar un comentario